Hipódromo Político/Carlos Gerardo Cortés García

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¿MEADE VIO UN MÉXICO CON HAMBRE Y SED DE JUSTICIA?

El pasado martes 6 de marzo, se cumplió un año más, 24 para ser exactos, de aquel memorable discurso del entonces candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta, en el aniversario 65 del entonces invencible partido.
Una de las más memorables frases del discurso fue cuando Colosio dijo “veo un México con hambre y sed de justicia”. Y hoy, un cuarto de siglo adelante, el también candidato de ese partido a la presidencia de la república, José Antonio Meade Kuribreña, ve ese mismo México con hambre y sed de justicia y retomó el concepto para utilizarlo en su discurso del aniversario 89 del PRI.
Pero hay una diferencia fundamental entre ambos personajes, entre Meade y Colosio; entre Colosio y Meade. Ello, por supuesto, de ninguna manera descalifica al cinco veces secretario de gabinete. Pero es muy claro que, políticamente, Colosio le lleva una delantera abismal, porque Colosio no surgió de la nada. Colosio se fue formando a lo largo de su vida, y se fue preparando porque sabía que algo grande algún día le llegaría. Y no se equivocó. Lástima para él y para México que le privaron de la vida cuando estaba a punto de lograrlo. Y más allá de lo que se pueda decir, me parece que Luis Donaldo hubiera sido un buen presidente de México.
Luis Donaldo Colosio nació en Magdalena de Kino, Sonora el 10 de febrero de 1950. Se graduó en Economía, en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Pero no se quedó sólo ahí. Colosio amplió su preparación en la universidad de Pennsylvania, en Estados Unidos y se fue a Viena, en Austria, en donde se incorporó cómo investigador, en el Instituto Internacional de Sistemas Aplicados.
A su regreso a México, Luis Donaldo fue subdirector de Política Económica, en 1980 y director de Programación de la Secretaría de Programación y Presupuesto de 1982 a 1985.
Luis Donaldo Colosio fue Diputado Federal en 1985, en donde convivió con los diputados del Bronx, aquellos que llegaron por alguna causa, aquellos legisladores de la entonces incipiente oposición mexicana. Esos legisladores no eran parte de la nomenklatura mexicana, aquellos que no pertenecían al selecto grupo de las vacas sagradas de la política nacional, aquellos que por derecho divino tenían un lugar apartado en las primeras curules de San Lázaro, cerca de la tribuna y del presidente en turno. Los otros, los de gayola, eran la chusma del Congreso.
Entre otros destacados personajes que participaron en esta legislatura, estaba Eduardo Robledo Rincón, a la postre Gobernador de Chiapas; Teófilo Torres Corzo, a la postre Gobernador de San Luis Potosí; el chiapaneco Cesar Augusto Santiago Ramírez; Elba Esther Gordillo Morales, diputada por el Distrito Federal; Guillermo Fonseca Alvarez, Ex Gobernador potosino; Juan José Bremer, Santiago Oñate Laborde, Fernando Ortiz Arana y Sócrates Rizo García, a la sazón Gobernador de Nuevo León.
También en esa legislatura, estuvieron Jesús Murillo Karam, quien después sería Gobernador de Hidalgo y Procurador General de la República. Maria Esther Sherman Leaño, Carlos Enrique Cantú Rosas y Jorge Cárdenas González, Beatriz Paredes Rangel y Dante Delgado Rannauro.
En esa legislatura, la quincuagésima tercera, había 289 diputados del PRI, 41 del PAN, 11 del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, 11 del Partido Popular Socialista, 12 del Partido Demócrata Mexicano, 12 del Partido Socialista de los Trabajadores y 12 del Partido Socialista Unificado de México; 6 del Partido Mexicano de los Trabajadores; y 6 del Partido Revolucionario de los Trabajadores.
En esa legislatura, Colosio tenía su curul en el “Bronx”, allá con la raza, y ahí también se doctoró en el arte de la política a la par que caminaba de la mano de su maestro, el entonces Secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, quien tres años más tarde sería presidente de México.
En esa misma legislatura, eran senadores por Tamaulipas Salvador Barragán Camacho, posición evidente de Joaquín Hernández Galicia, “La Quina” y Américo Villarreal Guerra, padre del hoy candidato al Senado por MORENA, Américo Villarreal Anaya.
Luis Donaldo quería cambiar al PRI, no sólo de nombre sino también de fondo. Toda su vida militó en el Revolucionario Institucional y sabía muy bien que eso era lo necesario, si querían que el partido tuviera viabilidad de largo plazo.
El discurso de Colosio frente al Monumento a la Revolución Mexicana del 6 de marzo de 1994, durante el aniversario del PRI, se considera fue el rompimiento con el entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, su maestro, y el inicio del fin de su campaña y de su vida.
Dicen quienes saben que el error más grande de Luis Donaldo fue pretender ser oposición al interior de un PRI, en donde no había cabida para la oposición. Y a priori, pareciera ser que ello fue la causa que le costó la vida, y por supuesto la presidencia de la repùblica.
Así, con la experiencia de Colosio, el candidato, hubo quienes pensaron que la ceremonia del aniversario de la fundación del PRI del pasado domingo, sería el momento propicia para las definiciones por parte de Meade, lo que no ocurrió; para el rompimiento y el deslinde del Gobierno del Presidente Peña, lo que tampoco ocurrió.
Hace 24 años, Luis Donaldo Colosio pronunció el discurso que marcaría el rumbo de su campaña y de su vida. Y en el aniversario de su partido, José Antonio Meade Kuribreña sólo se limitó a endurecer el discurso contra la corrupción y llamó al pueblo de México a definir el futuro del partido. Si Meade gana la elección, se prevee que mantendrá el rumbo del país.
Por lo pronto la similitud de este momento histórico-político del PRI de Meade candidato con el PRI de Colosio candidato, es que se habla insistentemente, todos los días, que la campaña no prende, que Meade en las encuestas no marca, que la campaña se desfonda y que el PRI debe ir por la sustitución de candidato. Ayer era Manuel Camacho Solís y hoy Aurelio Nuño. ¿Se le hacen comentarios familiares? A mi si y esperemos que hasta ahí lleguen.
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