Cosas raras, pero suceden…

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Isael Castillo

Atípico en Reynosa, que dentro del caos del fenómeno social haya un momento que si bien no incumbe a la sociedad, si aporta una esperanza, reiterativo, quizá pleonasmo, de un mejor futuro.

Sus nombres no se conocen (el de ella si, Ana Gabriela), pero trascendió al tiempo y a la realidad social el hecho para quienes lo vieron en las redes sociales, Facebook, y obvio, más para ellos.

Sin más preámbulos, los hechos hablan por sí mismos. Sucedió en el Hospital General Reynosa, allí se incubó, allí nació, allí llegó al límite y, simplemente, sucedió.

El Facebook, normalmente donde la credibilidad llega a ser solo Fake, dio pormenores de una verdad, una historia de amor que al parecer culminará en el altar.

Él (doctor) llevó a Ana Gabriela (enfermera) a ver un resultados de Rayos X.

Me acompañas a checar una radiografía?

Si. Contesta ella, quizá con cierta duda por tal invitación.

Él coloca la radiografía sobre la pantalla de luz. Antes de encenderla siente vuelcos porque no sabe qué le dirá Gabriela, pero aun así se “avienta”. Se sonríen ambos.

La luz se enciende, Gabriela ve la radiografía y queda muda, impávida, atónita quizá por la sorpresa que le trajo la luz. Un ramo de rosas que recibió antes le sirvió de adelanto de lo que solo imaginaba, pero que no estaba segura de ver.

Un “Te quieres casar conmigo Ana Gabriela? (sic)” aparece frente al índice del doctor y la natural sonrisa de la enfermera.

Todavía caminaron por el pasillo del Hospital General Reynosa, entre los familiares de los pacientes que allí esperan, pacientes, entre preocupaciones, hambre, angustias, pero cuyas caras -por un breve momento- se iluminaron de pequeñísima esperanza ante la presencia de esa pareja, que salía al patio a declarar su amor y su promesa de rodillas.

Cosas raras -y buenas- suceden alrededor de toda una maraña de malas noticias, del fenómeno social.