Friday, June 19, 2026

Al Vuelo-Lección

Por Pegaso
El caso de un hombre que al parecer cometía un acto de abuso contra un menor en un edificio de Colombia, nos debe dejar una gran lección a todos: Al ciudadano común y corriente, a las autoridades, a los periodistas. A todos.
Una señora que iba pasando por el frente de un edificio de departamentos levantó la vista hacia uno de los balcones y lo que vio la indignó completamente: Era un hombre que tenía sujetado a un niño pequeño. El menor gritaba y agitaba los brazos en aparente actitud de solicitar ayuda.
La ñora pensó lo peor, es decir, que aquel sujeto estaba, efectivamente, abusando de la criatura, reaccionando de manera exagerada, histérica, con gritos destemplados, ordenándole al hombre que lo soltara, todo eso mientras grababa la escena.
Debido a las circunstancias, el video se hizo megaviral y en cuestión de horas, de minutos, ya casi todo el mundo lo había visto y se habían formado un juicio.
Una muchedumbre se reunió a la entrada del edificio, dispuestos a linchar al peligroso criminal. De no haber sido por la policía, que logró contenerlos, lo hubieran lapidado en ese mismo instante, sin siquiera darle oportunidad de un juicio.
Y todos nos fuimos con la finta.
Durante las primeras horas, aquel ciudadano americano era culpable de un crimen atroz. Ví que todos los medios reprodujeron el vídeo que la mujer subió a las redes sociales. Fue más adelante, cuando se tomó la versión del niño que todo quedó aclarado: Lo que hacía el hombre en el balcón era que estaba ayudándole con un pedazo de comida que se le había atorado en la garganta. De ahí aquellos movimientos que la buena mujer interpretó como un acto de abuso.
Ahora ella enfrenta un broncononón por un chorro de delitos, empezando por el linchamiento mediático y todos los problemas personales y profesionales que tuvo que afrontar el presunto responsable.
Moraleja: Es muy fácil hacerse juicios a priori, sin conocer los contextos. La mujer del vídeo, pensemos, actuó de buena fe y en defensa del menor. Lo que debió hacer, antes de accionar la cámara de su celular era llamar a las autoridades para que verificaran que, efectivamente, se estaba cometiendo un delito.
Pero no. Ya estamos tan acostumbrados al uso de las redes sociales que ya lo hacemos por instinto, tal vez con el pensamiento egoísta de hacernos virales.
Y ahí está. ¿Quién es aquí el culpable? ¿La mujer que lo grabó? ¿Los usuarios que lo compartieron? ¿Los medios que lo difundieron?
Pienso, personalmente, que buena parte de esa culpa es de las plataformas digitales, como X, Facebook, Instagram y You Tube, que aquí fueron especialmente omisas en revisar los contextos. Y así, lo que aparentaba ser un abuso infantil se convierte en un enorme boquetón que hay en las redes sociales.
Mientras que a la mayoría de los creadores de contenido nos censuran hasta por una letra y nos han hecho escribir frases con números incluidos, sí se permiten situaciones como la descrita.
Son cosas que seguirán ocurriendo, porque las redes son un fenómeno masivo, y las masas son tan ciegas y sordas que siempre reaccionan por instinto, como una manada.
Por eso aquí los dejo con el refrán estilo Pegaso: “Abstente de incurrir en comportamientos positivos que tengan apariencia de ser negativos”. (No hagas cosas buenas que parecen malas).
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