Tal parece que el ISSSTE atraviesa por su fase terminal y, nadie, hace nada al respecto. La tragedia es tal que los trabajadores de la salud ni siquiera respetan a los pacientes con orígenes en otras ciudades y los regresan a su ciudad acusándolos de que van a Hospitales de Alta Especialidad, a quitarles el espacio a los pacientes locales.
Pareciera que el ISSSTE está en fase terminal, atravesando por el peor momento de su historia reciente. La percepción de deterioro en sus servicios y en su capacidad de respuesta ha llevado a su derechohabiencia a preguntarse si esto es con la complacencia y complicidad de la Dirección General, encabezada por Martí Batres Guadarrama, incluyendo la representación estatal en Tamaulipas. A pesar del apoyo presidencial, existe una crisis, y la gran interrogante es quién responderá por ella y, sobre todo, cuánto tiempo más podrán resistir.
Las grandes promesas sobre la salud pública en México terminaron chocando con la realidad de millones de usuarios. Donde se anunció un sistema de primer nivel, seguimos encontrando esperas interminables, saturación, desabasto y una atención que dista de las expectativas generadas. La mayor factura no se mide en indicadores o presupuestos; se mide en la confianza perdida de quienes depositaron su esperanza en un sistema que, para muchos, aún está lejos de cumplir lo prometido.
Porque pareciera que a los servidores públicos se les olvida quién sostiene a las instituciones. No es la burocracia; son millones de trabajadores que, con el descuento puntual de sus salarios, financian su operación. Son los derechohabientes los que con sus aportaciones, hacen posible que el sistema exista.
¿Sabe Usted querido lector cuánto nos cuesta mantener al IMSS y al ISSSTE al año? Le comparto el dato: a los mexicanos nos cuesta más de 1.9 billones de pesos cada año mantener a ambas instituciones. Así como usted lo lee. El presupuesto aprobado en 2025 asignó cerca de 1.46 billones de pesos al Seguro Social y más de 525 mil millones de pesos al ISSSTE, de los cuales un gran porcentaje se destina al pago de pensiones y jubilaciones.
Cada peso que administran el IMSS y el ISSSTE proviene del esfuerzo de millones de mexicanos. No es dinero institucional: es el patrimonio que los trabajadores confían al Estado para proteger su salud y su retiro.
El ISSSTE, cuenta con un presupuesto superior a los 525 mil millones de pesos pero más de la mitad termina destinado al pago de pensiones y jubilaciones. El margen para mejorar hospitales, medicamentos, infraestructura y atención médica se reduce cada año, mientras las exigencias de los derechohabientes siguen creciendo.
Y por ello, el costo de las pensiones de las leyes pasadas, presiona fuertemente las finanzas públicas, obligando al gobierno federal a destinar recursos millonarios, año con año, para evitar déficits operativos. Y a lo mejor por ello, el servicio de salud de ambas instituciones deja mucho que desear, aunque este tema no debería ser un pretexto.
Y así se vive día a día en el ISSSTE de Ciudad Victoria, donde encontramos puertas cerradas con candados, oficinas que no funcionan, basureros llenos de desechos biológicos sin atender, servicios de quinta en la Clínica-Hospital, baños sucios y, prácticamente destruidos, y otras muchas chuladas que atentan contra los usuarios que, insisto, son quienes mantienen a la institución.
Y si, además, a todo lo anterior, sumamos que, aunque cuenta con personal muy capacitado, las fallas principales en ambas instituciones son la falta de medicinas, las listas de espera muy largas y la saturación de los hospitales, entonces nos queda muy claro porque ambas instituciones se encuentran al filo del precipicio.
Y yo agregaría un dato más: el trato de algunos médicos que atienden a los derechohabientes es terrible, como si la institución fuera su patrimonio personal, y se dan el lujo despreciar a quienes necesitan de una atención médica de calidez y calidad.
Ello es el resultado de que no existen, o son pésimos, los acuerdos de gestión entre delegaciones y unidades de referencia de alta especialidad, por lo que, a médicos de estos centros, les importa un pepino atender las solicitudes de pacientes que provienen de otro estado.
Datos duros: Un paciente oncológico procedente de Cd. Victoria, Tams., fue referido por el propio Instituto al hospital regional en Nuevo León. Después de semanas de incertidumbre, viajes, gastos y una espera que consumía tanto la salud como la esperanza, finalmente logró entrar al consultorio. Pero, según la versión de familiares y del propio derechohabiente, el especialista —identificado como el Dr. Juan Miguel Estrada Bujanos— lo recibió con una frase que heló la consulta: “Usted le está quitando el lugar a un paciente de este estado.” Acto seguido, sin mayor explicación, habría decidido remitir de regreso, iniciando una nueva cadena de traslados y espera.
¿Y el actual titular de las Oficinas de Representación del ISSSTE a Nivel Nacional, José Rodrigo Ávila Carrasco? ¿Y en Tamaulipas el subdelegado Médico, Dr. Jorge Iván Alejandro Cortina Beltrán? ¿Qué hacen al respecto?
Del profe Néstor Eduardo Barrera Durán, subdelegado de Administración del ISSSTE en Tamaulipas mejor ni hablamos. Porque según comentan los propios trabajadores de su propia oficina, parece que vive en un Instituto distinto al que enfrentan todos los días derechohabientes y personal operativo.
Mientras los discursos oficiales hablan de transformación, en los pasillos solo se escucha una palabra:
ABANDONO.
Lo que al momento no sabemos, es si el ISSSTE está en fase terminal con el respaldo del director nacional de la Institución, Martí Batres Guadarrama, o no sabe, o no le interesa saberlo.
El asunto es saber, ¿quién responde cuando el sistema deja de responder? ¿Quién le explica al paciente que un derecho constitucional terminó convertido en un laberinto burocrático? Mientras el Subdelegado Médico, el Dr. Jorge Ivan Cortina Beltran, guarda silencio y el Subdelegado de Administración parece incapaz de entender la magnitud de los procesos médicos, los pacientes siguen recorriendo cientos de kilómetros para encontrarse con puertas cerradas, trámites interminables y una institución que parece haber perdido el rumbo. Lo que comenzó como fallas aisladas hoy, según relatan trabajadores y derechohabientes, amenaza con convertirse en una preocupante rutina de discriminación.
Y en México, la discriminación, de acuerdo al Código Penal Federal, se castiga con 1 a 3 años de prisión, de 150 a 300 días de trabajo comunitario y hasta 200 días de multa. Y las penas aumentan cuando la discriminación proviene de un servidor público.
Así lo dice la Ley: Serán de uno a tres de prisión para quien atente contra la dignidad humana o anule derechos por origen étnico, género, edad, discapacidad, religión u otras condiciones.
Pero la Ley también reconoce agravantes para servidores públicos: Si la persona agresora es autoridad o servidor público, la pena aumenta hasta en una mitad y conlleva destitución e inhabilitación del cargo público.
A nivel administrativo y de reparación del daño, opera el CONAPRED, Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, que es el órgano encargado de atender las quejas y promover medidas de no repetición u obligación de tomar cursos de sensibilización.
Si el “Trato Digno” es realmente una política institucional, debería comenzar por quienes dirigen la institución y permear hasta el último nivel operativo. Las directrices no pueden quedarse en discursos, campañas o eslóganes; cuando un derechohabiente denuncia maltrato, indiferencia o un trato discriminatorio, no basta con lamentarlo: corresponde investigar los hechos y, aplicar las sanciones administrativas o legales que procedan. El liderazgo no se mide por los mensajes que difunde, sino por la cultura de servicio que logra construir. Si el ejemplo no viene de arriba, difícilmente llegará a quienes están en el primer contacto con los pacientes.
Ojo, autoridades estatales del ISSSTE en Tamaulipas, si les interesa, ponganse las pilas: el reloj corre.
La diferencia entre una institución que responde y otra que fracasa se mide por la capacidad de actuar. Dejen de administrar problemas y empiecen a resolverlos. Habría que estar en el lugar del derechohabiente, para saber que el tiempo no juega a favor de la institución; juega en contra de los pacientes.
- 1.Este lunes, y tras 2 semanas de necesarias vacaciones, regresaron los trabajadores del Gobierno del Estado, de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y del Congreso tamaulipeco. Sólo falta que estudiantes de básica, media y superior regresen a las aulas para retomar la normalidad en Tamaulipas.
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