Hay fotografías que explican mejor la política que cualquier discurso. La fiesta de cumpleaños de Eduardo “Lalito” Gattás esta semana en Ciudad Victoria dejó una de ellas.
Casi tres mil invitados, según las estimaciones después del festejo; alcaldes, legisladores, empresarios, operadores políticos, dirigentes y aspirantes. Una celebración que oficialmente fue cumpleaños, pero que nadie con un mínimo de inteligencia y oficio político leyó solamente como cumpleaños.
Lalito aprovechó para enseñar “músculo” y prácticamente anunciar que quiere aparecer en la boleta de 2027. Hasta ahí, nada extraordinario.
Lo verdaderamente interesante estaba en las mesas.
Carmen Lilia Canturosas, Olga Sosa y Carlos “Makito” Peña Ortiz, personajes que hace apenas unos meses fueron colocados en una conversación mucho menos festiva: la que abrió Mario López Hernández, “La Borrega”, cuando en una entrevista habló de una supuesta red relacionada con huachicol fiscal.
En aquellas declaraciones también aparecieron Eduardo “Lalito” Gattás, Héctor “El Calabazo” Villegas, Erasmo González, Adriana Lozano, Américo Villarreal y Mario Delgado, después vino lo previsible.
Mario López dijo que no había dicho lo que todos escuchamos que presuntamente dijo. Desconoció la entrevista, habló de montaje y los señalados exigieron pruebas y denuncias formales.
Y tenían razón en algo fundamental, una acusación no convierte a nadie en culpable.
Hasta hoy, aquellos dichos no constituyen una sentencia ni prueban que quienes fueron mencionados hayan participado en una red criminal.
Pero políticamente, dejaron una fotografía difícil de borrar, una que recuerda la tomada hace unos años en San Pedro Garza García, esa en la que también aparece el que ahora es gobernador de Tamaulipas, esa que se tomaron en la presunta casa, del presunto rey, de la presunta red que presuntamente integran.
Por eso resulta inevitable mirar las imágenes del cumpleaños de Lalito Gattás y recordar aquella lista, no porque estar juntos compruebe absolutamente nada, sino porque buena parte de los nombres que fueron colocados bajo sospecha política terminaron coincidiendo alrededor de la misma mesa, exactamente cuando comienza a calentarse la elección de 2027.
Y quizás ésa sea la verdadera noticia, la política tamaulipeca tiene una sorprendente capacidad para digerir sus propios escándalos.
Hace tres meses unos se acusaban, otros pedían denuncias, algunos se deslindaban y todos exigían aclaraciones.
Hoy se abrazan, sonríen, posan para la foto y empiezan a repartir posiciones para la siguiente elección.
Aquí no pasó nada, o al menos ésa parece ser la apuesta.
Porque el cumpleaños de Lalito también sirvió para dejar claro que la elección ya comenzó en Morena.
Lalito quiere una diputación federal. Carmen Lilia sigue apareciendo en todas las quinielas. Olga Sosa mantiene aspiraciones y estructura. Erasmo González no se ha bajado de ninguna conversación sucesoria. Makito controla Reynosa y alrededor del grupo empiezan a acomodarse piezas para 2027 y, desde luego, para lo que vendrá después.
El problema es que, mientras adentro se hablaba de candidaturas, estructuras y futuro, afuera Victoria volvió a recordar que la realidad tiene otros tiempos.
Persecuciones, detonaciones y reportes de violencia irrumpieron en la conversación de una ciudad donde la clase política estaba de fiesta.
El contraste es demasiado perfecto para ignorarlo.
Unos calculando distritos, otros buscando resguardo, unos tomándose la fotografía que servirá para medir quién está con quién, otros preguntándose qué estaba pasando en las calles.
No responsabilizo, desde luego, a quienes estaban en la fiesta por lo que ocurría afuera, eso sería absurdo.
Pero la escena sirve para recordar la distancia que todavía existe entre la agenda política y la agenda ciudadana.
Y ahí es donde aquella historia de Mario “La Borrega” vuelve a resultar incómoda.
Para los políticos, agosto ya huele a 2027, y para muchos ciudadanos, sólo huele a pólvora.

