Sunday, September 6, 2026

Al Vuelo-Escuela

Por Pegaso
Primer acto: Una chica de familia de segundo de secundaria  se baja del auto de sus padres a la entrada de la escuela.
Segundo acto: La misma chica busca un lugarcito más o menos privado. Se dobla la falda dos o tres veces a  la altura de la cintura para hacerla parecer más corta, se aplica labial y algo de rubor antes de ingresar al plantel.
Tercer acto: Hace su entrada triunfal ante la vista de sus compañeritos varones, cuyo cerebro está dominado por un poderoso coctel de hormonas. ¿Cómo se llama la obra?
La verdad es que no es algo que tenga nombre. Es más, el 99.99999% de los padres desconocen que sus pequeñuelas hacen eso nomás se bajan de la nave.
El coqueteo es algo natural entre los jóvenes y hasta se ve bien que alguien se arregle para verse presentable, pero eso de arremangarse la falda para convertirla en mini, cae más dentro de lo grotesco y vulgar.
Viene a colación el tema porque se ha popularizado en redes sociales el caso de una maestra algo estricta de Tijuana que prohibió la greña a lo “Peso Pluma”, los piercings, los tatuajes, los tintes llamativos y hasta las batallas de aura.
“Si no les gusta, váyanse a otra escuela”-les dijo a los padres y madres que protestaron porque sus hijos parecía que iban a una correccional más que a un salón de clases.
Pronto, la valiente maestra recibió cientos de comentarios de apoyo pero también muchos mensajes de odio.
Y eso es natural. En un ambienta de libertades, siempre habrá quien apoye una causa y quien la rechace.
Pero las libertades pueden convertirse en libertinajes.
A ver. Pensemos solo por un momento. Si en las escuelas se permitiera todo tipo de comportamiento y aspecto, ¿qué veríamos en los patios y salones de clase?
Pronto habría grupos. Grupos bien diferenciados, pero al extremo: Punks, darketos, cheers y demás fauna rara de la que hay en el planeta.
Alguien dirá por ahí: Sí, Pegaso, pero eso siempre ha existido. Y le doy la razón. En mi tiempo había dos grupos diferenciados en la prepa: El de los riquillos y el de los pobretones.
Pero ahora hay tanta variedad, que ni siquiera el mismísimo Satanás los diferenciaría.
Lo que en las escuelas siempre se ha pretendido es que la brecha entre unos y otros sea mínima. Por eso es el uniforme, por eso es el corte reglamentario de pelo y por eso el reglamento interno.
Si uno de los alumnos empieza a salirse del esquema, pronto el resto le seguirá. De ahí que en algunas instituciones educativas los directivos sean especialmente estrictos.
Hay otra cosa. Si un niño o un joven deja de obedecer las reglas, tiene más posibilidades de crecer detestando las leyes y las instituciones.
Decía alguien que no recuerdo: “Hay que educar bien a los niños de hoy para no castigar a los adultos de mañana”. De tal forma que aquellas personas que no están de acuerdo en que a sus bendiciones se les eduque con cierta disciplina o con ciertas reglas, estará fomentando potenciales actitudes delictivas o abiertamente criminales.
No me lo crean a mí. Es teoría y existe un sinfín de libros que hablar del origen e las conductas antisociales.
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso: “Es necesario asir el hornillo por la empuñadura”.  (Hay que agarrar la sartén por el mango).
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