Por Pegaso
Viendo que en Reynosa hay una generación de jóvenes interesados en el Séptimo Arte, o sea, en el cine, no entiendo por qué siguen apareciendo películas y más películas con un solo tema: El del narcotráfico y la violencia.
Los nuevos cineastas reynosenses traen otras ideas. Cine experimental, cortometrajes, producciones con propuestas y argumentos serios.
Nada que ver con La Felona del Corrido, o Estrellita Almada, o cualquier otra empresa que solamente saben mostrar el rostro del México violento.
Sé que las narcopelículas tienen gran demanda. Sé que si produces un largometraje romántico, o religioso, o una comedia, solo tendrás cuando mucho diez mil visitas en las plataformas.
En cambio, si hacer una película donde se glorifica a los jefes de la droga, donde hay más balazos que en Vietnam, la cantidad de visitas se medirá en millones.
Y ahí está el negocio. Cada persona que entra a una plataforma de streaming donde se exhiben ese tipo de cintas, paga determinada cantidad de dinero, por decir, 50 pesos. Multiplíquenlo por un millón y tendrán 50 millones de pesos.
Lo lamentable es que esas ganancias estratosféricas sirven para que los productores continúen con la misma temática de violencia. Un director me decía: “Hacemos ese tipo de películas porque es lo que quiere la gente”.
Y de veras. A la gente le gusta la sangre, la violencia, el morbo. No tienen con lo que ocurre en la vida real. Lloran solo cuando les toca sufrirlo en carne propia.
Mientras tanto, en Reynosa las productoras de películas chafas de violencia se han multiplicado como hongos.
Cada poco tiempo se publica en las redes sociales un mensaje como este: “Vamos a estar en tal parte. Comuníquense al teléfono tal por si quieren formar parte de este proyecto cinematográfico”.
¡Y ahí va la gente! Buscando quedar en cinta (nótese el inteligente juego de palabras: “Buscando quedar encinta”).
Pero a los extras no les pagan nada. Es más, yo creo que ni a los actores secundarios.
Es por eso que a mí me dio mucha alegría cuando vi un boletín de prensa donde dice que el gobierno de Reynosa, mediante el IRCA, otorga apoyo a cineastas de nueva cuña, como Hugo Montelongo, quien con un cortometraje participará en el Festival Internacional de Cine de Morelia, uno de los más prestigiosos del país.
Sin embargo, aquellos directores de cine de calidad no se quedan aquí. Siempre buscan llegar a los grandes estudios de Hollywood, como Disney, Universal, Columbia, Tristar o Warner Bros. Pocos se quedan aquí y la mayoría solo producen cortometrajes. No hay suficientes estímulos monetarios como aspirar a hacer algo grande.
Por eso a la raza de aquí nada más le gustan las narcopelículas.
Hace unos meses se detuvo a una actriz y a un actor por clonar vestimenta, vehículos y armamento exclusivo del Ejército y las Fuerzas Armadas. Hasta el momento no hemos sabido que hayan salido en libertad, y está difícil, porque se trata de un delito federal.
El hecho es de que, para hacer las películas que hacen, tienen que vestir a sus actores con ese tipo de atuendos, si no, la película no tendrá chiste.
La nueva oleada de cineastas reynosenses contra los viejos zorros que producen narcopelículas. Esa es la batalla que se avecina.
Viene el refrán estilo Pegaso: “Por tal razón permanecemos como permanecemos”. (Por eso estamos como estamos).

