Por Pegaso
Ahora que tuve que malvender mi carro en un yonque por ser americano y con el motor inservible, me doy cuenta de lo mucho que hace falta tener una nave.
Durante los últimos cinco días me he dado a la tarea de buscar por todos los medios posibles uno modesto, ajustado a mi presupuesto, sin tener que acudir a alguna agencia o lote de autos nuevos aquí, en Reynosa.
Déjenme decirles que la clase media baja, estrato socioeconómico al que pertenezco, difícilmente conseguirá un automóvil de agencia.
Para empezar, piden entre 80 y 100 mil pesos de puro enganche por un carrito del año, pero austero. Si es modelo de superlujo, el enganche anda en el medio millón o más de pesos.
Pero además, una vez que firmaste, estarás atado por cinco años a pagar entre 7 y 10 mil pesos mensuales, más una anualidad equivalente al enganche. ¡Y los servicios de mantenimiento te los dejan ir como si estuvieras en Dubai! Salen hasta diez veces más caros que llevarlo a un taller normal.
A final de cuentas, por un vehículo que cuesta al contado unos 300 mil, con el crédito te va a salir hasta tres veces más y andarás pagando alrededor de un millón de pesos.
¡Ahhh! Pero los lotes no se quedan atrás. Vehículos usados de hasta diez años de antigüedad, quieren vendértelos como si fueran nuevos. Das enganches de entre 20 y 50 mil pesos, dependiendo el modelo. Luego, mensualidades de 5, y hasta 8 mil pesos, por un período de tiempo de 5 años (60 meses), y si das anualidades, te van bajando el costo de la mensualidad.
Sin embargo, un vehículo usadón que anda costando al contado 80 mil devaluados varos, al final vas a pagar más de 300 mil.
Así que, ambas opciones quedan descartadas para mi raquítico presupuesto.
He buscado entre mis amigos y he peinado las páginas especializadas en ofrecer automóviles usados pero no encuentro nada que me convenza.
Y no es que sea delicado, sino que los regularizados o nacionalizados que están a la venta, tienen el motor más usado que una mujer de la vida galante, humean, suenan como matracas y la carrocería está más cacheteada que La Gilbertona (QEPD).
Ahora bien, si quieres comprar un coche americano, menos amolado que los regularizados, conviene que venga con sus placas gringas originales, porque si no, la Comandanta Iris te multará por circular de manera ilegal. Si trae sus placas, no pasará nada por el momento, pero está latente el que las volantas de la Aduana empiecen a lanzarse a las calles como jauría de perros para exigir los pedimentos aduanales, ya que ahora no hay decreto de nacionalización de autos “chocolates”.
Y a todo esto, el programa de regularización que dicen que fue un éxito, porque más de 500 mil vehículos “chuecos” fueron legalizados, en verdad constituyó un enorme fracaso porque muchos aprovecharon los resquicios legales para hacer chapuza. Metieron autos que no eran del año y hubo un coyoteo escandaloso. Además, siguen entrando y entrando ilegalmente al país, haciendo de la frontera un vertedero de autos que ya no pueden circular en Gringolandia.
El trámite ante el REPUVE tenía un costo de 2,500 pesos por unidad, más las placas, otro tanto. Así que podías conseguir todo y andar en regla por unos 5 mil pesos.
Pero como la mayoría de nosotros somos perezosos y queremos todo rápido, accedemos a pagar los servicios de los tramitadores, mejor conocidos como “coyotes”, y a final de cuentas salimos pagando entre 14 y 16 mil pesos, ¡más del triple!
Sin embargo, aún así, es casi la mitad de lo que normalmente se paga por la regularizada o nacionalizada por aduana.
Lo que pasa es que los autos de decreto no pueden circular en Estados Unidos y se dieron casos en que algunos residentes fronterizos se aventaron como “El Borras” y al retornar a México, los aduanales les pidieron los documentos de importación, los cuales, obviamente no traían, y quedaron ganchados por contrabando, y el carro confiscado.
Total. Conseguir un auto con las tres B (bueno, bonito y barato) resulta casi imposible.
Veía yo en Facebook que el ex gobernador Cabeza de Vaca presume su ranchote -que tiene en Texas, con mucho ganado- con una sonrisa de oreja a oreja.
Si me pagara todo lo que me quedó debiendo del 2018 al 2021, les juro que podría comprar no uno, sino hasta dos o tres carros de agencia.
Aquí viene el refrán estilo Pegaso: “Protuberancia craneal con hematoma, trátese de uno minúsculo o enorme”. (Chipote con sangre, sea chico o sea grande).

