Sunday, May 10, 2026

AL VUELO-Panzaso

Por Pegaso
Antes, cuando uno era “burro”, flojo o vaquetón, pero al final del año le macheteábamos para no salir reprobados en la escuela, normalmente sacábamos un 6 de calificación y decíamos que “pasamos de penzaso”.
Pues bien. A partir de ahora, gracias a la Tremenda Corte (perdón, la Suprema Corte), nadie saldrá reprobado en la escuela.
Ya podremos andar de vagos todo el día, hacernos la “pinta” dos o tres veces por semana, echar relajo con los cuates, ponerle apodos a los profes y hacerle bullying a nuestros compañeritos más débiles, porque nuestra calificación será siempre aprobatoria.
En virtud de que a partir del siguiente ciclo escolar la educación no se medirá por números o listas de asistencia, a todo mundo le valdrá madre asistir o no a clase.
Fácilmente un estudiante podría faltar todo el año y presentarse el último día, al cabo que no lo reprobarán.
Podrá terminar la educación básica, luego la preparatoria y finalmente la universidad.
Ya con una carrera, aún cuando no sepa ni siquiera sumar o dividir, podrá obtener su título de ingeniero, arquitecto, doctor o abogado.
¡Imagínense el tipo de edificios que hará un mazacote de esos, egresados de nuestro ilustre sistema educativo!
Yo no pondría mi confianza en alguien que me va a operar a corazón abierto, sabiendo que si lo hubieran calificado en la escuela habría pasado de “panzaso”.
Creo que a doña Lenia Batres, Ministra de la Suprema Corte, sí le dará tiempo para someterse a alguna intervención quirúrgica con los nuevos especialistas, dentro de unos ocho o diez años.
No puedo imaginar que personas cuerdas, que se supone que tuvieron una esmerada educación profesional, hayan siquiera discutido el hecho de cancelar las calificaciones en las escuelas.
Las evaluaciones son indispensables para conocer las capacidades de los estudiantes.
Si no existe una constante supervisión de los avances, si no hay la posibilidad de reprobar por nuestra falta de interés o exceso de pereza, a nadie le interesará sacar buenas calificaciones, lo que se traducirá necesariamente en un bajo nivel de aprovechamiento escolar.
Antes, el sistema educativo mexicano era maravilloso, y estaba entre uno de los mejores a nivel mundial.
Llegábamos bien vestiditos y peinaditos a clase. Quienes podían, le llevaban una manzana al maestro o maestra. Ya en el salón, todo mundo ponía atención a la clase. Y aquel que se portaba mal o estaba distraído, el profe lo pasaba al frente y le pedía que pusiera las manos delante y boca arriba.
El mentor tomaba una regla de madera y con ella nos daba varios reglazos en las palmas de las manos. Los más sádicos tomaban la regla de canto y el resultado era mucho más doloroso.
Otros colocaban un banquillo en la esquina y colocaban unas orejas de burro al chiquillo problemático y ahí se pasaba las seis horas, hasta que se escuchaba el timbre de salida.
Pero ese no era el peor castigo. En ocasiones, cuando le colmábamos la paciencia al maestro, éste nos enviaba a la dirección y hacía llamar a nuestros padres.
Aparte de la regañada del Director y los reglazos del profe, en casa nos esperaba una cintariza de nuestro papá o unos buenos chanclazos de nuestra mamá, porque decían que debíamos respetar a los maestros.
¡Y vieran qué buenos ciudadanos salían! Respetuosos de las leyes y con un buen nivel de aprovechamiento escolar.
Pero todo se descompuso cuando se fortaleció el tema de los derechos humanos y entonces, ya no hubo forma de corregir a las nuevas generaciones. El resto es historia.
¿Mi calificación para la Tremenda Corte? ¡Reprobados! La Historia los calificará, y seguramente, no los pasará ni de “panzaso”.
Viene el refrán estilo Pegaso: “La instrucción lectora con hemoglobina penetra”. (La letra con sangre entra).
#pegasiuxdepetatiux
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