Por Pegaso
Todo sistema político, en esencia, tiene por objeto mejorar la calidad de vida y el nivel de felicidad de los habitantes de un país.
-El Capitalismo busca proteger la empresa privada y el aprovechamiento de los talentos de cada individuo.
-El Socialismo pretende que, mediante el control de los medios de producción por parte del Estado, la distribución de la riqueza sea más equitativa.
-El Comunismo suprime la propiedad privada de los medios de producción.
-El Nazismo, Nacionalsocialismo o Fascismo considera que la raza superior debe gobernar y eliminar a los más débiles.
Para los estudiosos del tema, como Yuval Noah Harari, autor de los libros Nexus, Homo Deus, Breve Historia del Mañana, Sapiens y De Animales a Dioses, básicamente existen tres doctrinas o sistemas sociopolíticos que han existido a partir del período conocido como El Siglo de las Luces (XVII y XVIII), cuando terminó el Pacto Agrícola que tenía como centro del Universo a Dios y comenzó el Humanismo, con el hombre como centro de todo:
-Humanismo Liberal, que después se transformó en Capitalismo.
-Humanismo Social, que, gracias a las ideas de Marx y Engels, fundamentó el Socialismo y el Comunismo.
-Humanismo Evolutivo, que decantó en el Nazismo o el Fascismo. Ideologías que, afortunadamente, han quedado casi en el olvido, salvo ciertos grupos nostálgicos que operan en Estados Unidos y Europa.
A la fecha, dos grandes formas de pensamiento humanista dominan el mundo: El Capitalismo y el Socialismo.
El Capitalismo, como dije líneas arriba, trata de proteger la empresa privada y privilegia la generación de riqueza sin intervención del Estado.
El Socialismo, muy de moda en estos días está sufriendo un marcado retroceso después de la incursión armada de los Estados Unidos en Venezuela y la amenaza de repetir la dosis en otros países, como Colombia y Cuba.
Miren. No es que los sistemas sean malos. Capitalismo, Socialismo y sus derivados, llegan a corromperse a causa de las ambiciones del hombre.
Hay una novela que se llama “La Rebelión en la Granja”, de George Orwell.
Los animales de una granja se quejan de la tiranía de los humanos, así que deciden rebelarse, guiados por los cerdos.
Después de echar a los granjeros, los chanchos establecen Siete Mandamientos donde se dice que todo aquel que camine erguido y en dos patas es enemigo, todos los animales son iguales, ningún animal usará ropa, ningún animal dormirá en cama, ningún animal matará a otro animal, etcétera.
Pero resulta que los cerdos empiezan a tomarle gusto al estilo de vida de los humanos y poco a poco los Siete Mandamientos van variando a su capricho.
La última parte de la narración nos muestra a los marranos caminando en dos pies, vistiendo ropa humana, durmiendo en la cama, tomando vino y negociando con otros granjeros, igualito que como lo hacían sus amos en un principio.
Se trata de una alegoría, una obra satírica que condena temas como el totalitarismo, la corrupción, el poder, la manipulación y la desigualdad de las clases sociales.
No sé por qué, pero me recuerda el caso de Norroña. Un cerdito simpático y hocicón que echaba pestes contra el capitalismo y los neoliberales, pero que al cambiar Los Siete Mandamientos, le agarró cariño a la vida burguesa.
¿Cuarta Transtornación o Rebelión en la Granja?
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso: “Es aceptable mantener un estilo desaseado, sin embargo, es inadmisible poseer una alargada probóscide”. (Hay que ser cochino, pero no trompudo).

