Monday, November 2, 2026

 AL VUELO-Culto

Por Pegaso
Para mí, Pegaso, no hay cosa más absurda que el culto a la muerte. Total: Uno se petatea y ya. No le importa nada más. Son los vivos los que se quedan con los remordimientos, la culpa o los apegos. En unos cuantos meses o años, el difunto se olvida y solo lo recuerdan el Día de Muertos o posiblemente en su cumpleaños.
En México y en muchos países del mundo se arma toda una festividad alrededor de la muerte. El festival conocido como Xantolo es una muestra de cómo el sincretismo entre lo antiguo y lo moderno pueden mezclarse para obtener una amalgama repleta de simbolismos.
Ahí danzan el Diablo, el Vaquero, la Muerte, la Mujer Embarazada y muchas otras figuras que representan las virtudes o las pasiones de la gente común y corriente.
El 31 de octubre se ha vuelto una costumbre en estas partes de México -influenciado por las tradiciones anglosajonas-, organizar y participar en fiestas de Halloween. Te vistes de monstruo, de vampiro o de momia y te diviertes como enano. En las calles, los escuincles ataviados con máscaras y capas salen a pedir dulces.
El día 1 y 2 de noviembre, la celebración a los Fieles Difuntos. Va la gente a los panteones, preparan un atolito, tamales, alguna bebida espirituosa de las que el muertito tanto disfrutaba y hacen un campamento delante de la tumba.
Se supone, porque eso es lo que dice la tradición, que en estos días los muertitos tienen “permiso” de visitar a sus deudos.
Todo eso está bien. No hace ningún daño para la raza mahuacatera. Mientras se diviertan sanamente sin dañar a terceros, resulta una forma de relax y distracción popular.
Por otra parte, hay quienes aprovechan la ocasión, -porque consideran que en estas fechas se abren “portales” para que los chamucos entren a nuestra dimensión- para hacer rituales satánicos. Se van a un panteón, sacan huesos viejos de difuntos y preparan sus altares para que Patas de Cabra les haga algún favor.
Yo estoy a favor de que cada quien crea o haga lo que quiera, en tanto no afecte a terceros.
Sin embargo, mi convicción personal es que la muerte es un proceso natural. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Así de simple.
Nuestro cuerpo es una máquina que se desgasta al ritmo en el que le damos mantenimiento, como un vehículo. Si nos descuidamos, vienen las enfermedades y morimos.
Cuando nuestras funciones vitales cesan, la sangre deja de circular y la conciencia simplemente termina. No hay espíritus que se nos salgan ni alma que se vaya al cielo. Es naturaleza pura.
Momentos después de colgar los tenis, vienen una serie de fenómenos físicos, como las livideces cadavéricas, la actividad de los llamados “trabajadores de la muerte”, que son insectos y larvas que hacen su chamba, descomponiendo los tejidos, convirtiendo nuestra grasa y músculos en materia que se pueda incorporar a la tierra.
“Polvo eres, y en polvo te convertirás”, dice la tradición bíblica, y es cierto. En unos cuantos meses solo quedan nuestros huesitos, pero incluso estos poco a poco se pulverizarán hasta no quedar casi nada de nuestro rechoncho cuerpecito.
Si nos sepultan en el campo sin ataúd, pronto crecerán plantas que se nutrirán de nosotros, darán semillas, luego frutos y después alguien se los comerá para reiniciar el ciclo de la vida.
Recordar a nuestros muertos es parte de nuestro folklore, pero también hay que saber el origen de esas tradiciones para tener el cuadro completo.
Por cierto, en la Ciudad de México se levantó una representación de La Santa Muerte para celebrar en grande este temporada. Lo que pasa es que empezaron los “memes”. Algunos de ellos muy graciosos, donde colocan al adefesio luchando contra Godzilla o King Kong, o peleando contra los Voladores de Papantla. ¡Ahhh, raza!
El refrán estilo Pegaso dice: “En la parte superior del cadáver los arreglos florales mortuorios”. (Sobre el muerto las coronas).
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