Por Pegaso
Ya lo dijo el Cabecita de Algodón: Que nos regresen al Trompas de antes.
Sí. Porque parece que en su primer período como Presidente de Gringolandia fue uno y ahora, en el segundo, hay alguien muy diferente pedorreando la silla del escritorio Resolute de la Oficina Oval de la Casa Blanca.
Como si se tratara de gemelos. Uno dicharachero y hablador, pero abierto al diálogo, y otro tan perverso y alebrestado que parece chivo en cristalería.
“¡Que nos devuelvan al otro Trump!”-pidió ex elpejidente desde su cuenta de Twitter, obligado a salir de La Chingada para defender a Claudia Shikitibum del ogro anaranjado que amenaza con invadir nuestro país y llevarse a todos los narcoterroristas.
Por lo pronto, dijo que toda esa campañita de ataques e intentos de desprestigio al actual gobierno y a su partido, MORENA, tiene más que ver con temas electorales, ya que se acercan elecciones muy importantes para el régimen trompista.
A raíz de lo cual se ha iniciado un intercambio de términos y palabras entre ambos personajes, todo, desde sus respectivas cuentas en redes sociales como X y Truth Social.
Para mí que El trompas debe andarse con cuidado. Ya lo advirtió Norroña: “Tiemblen, cobardes”, refiriéndose a los neoliberales corruptos que están a favor de una intervención norteamericana.
La salida de #YSQ de su retiro es como el último recurso en contra de las embestidas del pelos de elote.
Creo que a ese nivel, a nivel de mandatarios, se saben muchos secretos unos a otros. Secretos que terminarían por acabarlos políticamente.
Si ALMO llega a chismear algún secretillo de estado que involucre al actual gobierno gringo, seguro pondrá a temblar a más de uno, incluyendo al propio Trompas.
Porque, ¿quién cree usted que pone a los presidentes en Gringolandia? Una élite. No es la población, no son las elecciones, sino que los votos se manipulan tan o más descaradamente que en Mexicalpan de las Tunas.
A ver, ¿quién recibe, quién distribuye y quién vende toda la droga que pasa la frontera hacia el norte? Ni modo que lo hagan las hormigas.
Primero: En las aduanas hay funcionarios que la dejan pasar.
Segundo: Una vez en territorio norteamericano, el estupefaciente es recibido por una o varias organizaciones criminales que funcionan en complicidad con el gobierno.
Tercero: Hay una intrincada y complicadísima red de distribución. El padre de familia que llega cansado a su casa, todas las tardes suele fumarse su churrito. En las escuelas, los adolescentes se fuman su “caquita de chango” para estar en onda. Casi en cada barrio hay un dealer, un vendedor menudista que mantiene equilibrada la oferta y la demanda.
Y si hablamos de armas, hay miles de negocios que se dedican a la venta libre. Solo basta llevar una identificación y puedes comprar desde una resortera hasta una bomba atómica bajo el argumento de que la Segunda Enmierda permite protegerte a ti, a tu familia y a tu domicilio.
Y la exportación de todo ese armamento a México es controlado por las autoridades norteamericanas sin recato alguno. Armas que usa la delincuencia para matar soldados, policías y ciudadanos mexicanos, y ni quién la haga de pedo.
Todo eso lo sabe el Cabecita de Algodón. Si El Trompas sigue con sus agresiones al gobierno mexicano, no creo que se quede callado por mucho tiempo y va a empezar a aventar popó con dedicatoria a La Casa Blanca.
O como dice el refrán estilo Pegaso: “Quien asesta el primer impacto, lo hace por partida doble”. (El que pega primero, pega dos veces).

