Monday, January 26, 2026

Al Vuelo-Marx

Por Pegaso
¿Saben a qué me recordó la construcción de chorromil casas-habitación que construye en Reynosa el gobierno de la Presidenta Claudia Shikitibum?
¡A los conjuntos habitacionales que se edifican en China! La única diferencia es que aquí son viviendas cuadrúplex, de solo cuatro pisos y allá son mega torres donde caben miles de ojos de rendija.
Pero la idea es la misma: Hacer casas baratas para la raza, darles la ilusión de que serán suyas una vez que paguen, pero a final de cuentas, es el Estado el que las otorga en una especie de comodato.
Algo común en los países socialistas. Recordar que en México ya ha habido modificaciones en el sentido de que, si una casa está sola, alguien puede ir con un notario y solicitar un instrumento que lo hará dueño, como por arte de magia, de un inmueble que otra persona se chingó durante muchos años de su vida para pagar.
El socialismo da a los pobres y quita a los ricos. O mejor: El socialismo crea la ilusión de favorecer a los pobres, pero corroe los cimientos de la economía al debilitar al capital.
Es como aquel cuentecillo de Robin Hood: Va un hombre rico en un lujoso carromato tirado por briosos corceles por un camino rural, y de pronto, salen de su escondite Robin Hood y sus secuaces.
-¡Alto!-dice el justiciero. Soy Robin Hood. Quito a los ricos y doy a los pobres.
A continuación, procede a confiscar el oro, las joyas y el dinero que llevaba el hombre en el carruaje.
Ya se iba a retirar, cuando aquel individuo prorrumpe en lastimero llanto: “¡Ay de mí. Ahora soy pobre”.
Se regresa Robin Hodd y le devuelve toda su riqueza diciendo: “Tome, buen hombre. Yo soy Robin Hood, quito a los ricos y doy a los pobres”.
Inmediatamente, el hombre pega un grito de alegría: “¡Alabado sea Dios! Ahora soy rico de nuevo”.
Y Robin Hood: “¡Alto! Soy Robin Hood. Quito a los ricos y doy a los pobres”.
Y así, se repite la escena una y otra vez.
Por el contrario, en el socialismo se quita a los ricos para dar a los pobres, pero no hay forma de que se vuelva a dar a los ricos, luego de quitar a éstos sus riquezas para retornar a los miserables, y luego…
No. Aquí colapsa el sistema.
Alguno de mis dos o tres lectores se asomará a la columna y dirá: “Pe-pe-pero Pegaso, China y la Unión Soviética son socialistas y tienen una economía boyante”.
-Bueno, sí-les contestaría yo, con infinita paciencia. Su gobierno es socialista, pero su economía es abiertamente capitalista, y se da libertad absoluta a los grandes empresarios para que exploten a millones y millones de trabajadores, cuyo único consuelo es llegar a descansar a su estrechísima vivienda donde solo pueden entrar de ladito y agachados.
Comentaba yo con algunos amigos de un grupo de filosofía que el socialismo, comunismo o marxismo-leninismo se basa en un Estado que controla los medios de producción, pero también constriñe importantes derechos del individuo, como el de la libertad de expresión y el de la propiedad privada.
Por el contrario, en países capitalistas, es el mercado el que manda. Siendo el Estado un ente normativo, no tiene mayor injerencia que buscar que cada quien aporte sus impuestos y cumpla con las leyes. De ahí que pueda haber tremendas desigualdades sociales, con una inmensa mayoría pobre y una minúscula cantidad de individuos escandalosamente ricos.
La idea de la lucha de clases germinó en la mente de Marx, Engels, Fourier, Saint-Simon, Owen y Lassalle, quienes nos dieron el mamotreto ese que ahora conocemos como comunismo o socialismo.
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso: “Falso que la totalidad de los objetos que despiden destellos luminosos es metal áureo”. (No todo lo que brilla es oro).
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