Por Pegaso
Esos ministros de la Tremenda Corte son unos pillines.
No les duró ni cien días el gusto de haber llegado con una mano por delante y otra por detrás, bajo el manto puro de la austeridad, la transparencia y la honestidad.
Sin embargo, todo eso se les vino abajo cuando empezaron a ver todo el titipuchal de lana que hay en esos puestos, y el primero que se alocó fue el Honorable, Excelentísimo y Pluscuamperfecto Presidente, Hugo Aguilar Ortiz, de ascendencia indígena y familia pobre y numerosa.
Los nuevos togados, que en su vida habían tenido salarios de casi 140 mil pesos mensuales, dejaron atrás sus ideales y empezaron a comprarse camionetotas del año, cada una de las cuales valen 3 millones de devaluados pesos.
Los “Ministros del Pueblo” para no andar a pata o en el metro, adquirieron 30 de esos vehículos con blindaje, es decir, se gastaron 90 millones de varos, suficiente para construir casi cien casas palomeras de las que hace el INFONAVIT.
Pero no contaban con la presión mediática. A pesar de querer justificar tan estrambótico gasto por motivos de seguridad, finalmente tuvieron que devolver los vehículos a la agencia.
Pro no fue el único desatino. Lenia Batres, la estrella de ese circo, ordenó que se le hiciera un retrato vivo por parte de la pintora Diana Carolina López, que cobraría nada más ni nada menos que la cantidad de 40 mil pesos.
También se critica el ostentoso ritual de purificación y sanación estelarizado por el propio Hugo Aguilar, algo completamente innecesario para la función de juzgadores que desempeñan los tremendos jueces de la Tremenda Corte mexicana.
Yo les puedo decir algunas cosas:
1.-Presta el mismo servicio una camioneta viejita que una del año. Se supone que los lujos que se están dando no concuerda con el aura de austeridad con la que llegaron al cargo. Cómprense vehículos normales y si quieren, pónganle blindaje para que aguanten los tomatazos y huevazos, pero con su sueldo, no con dinero del pueblo.
2.- Prepárense más, estudien. Los anteriores ministros, por muy corruptos que fueran, sí sabían lo que hacían. Hay quejas que se siguen acumulando en el sentido de que la inexperiencia de los nuevos juzgadores está provocando más problemas de los que había antes.
3.- Como servidores del pueblo, o sea, como nuestros gatos, deben vivir en la medianía, o ya de plano, en la pobreza franciscana, como recomendaba aquel viejito. Váyanse a vivir a una palomera del INFONAVIT, atiéndanse sus achaques en el IMSS, hagan cola en los pasillos y siéntense en el suelo, como cualquier hijo de vecina.
4.- Sé que eso es imposible porque el billete tiene la facultad de hacernos perder el coco, pero al menos disimulen. Dejen de hacer cosas buenas que parecen malas, y viceversa.
Recuerden que los ojos de toda la Nación están en ustedes, así que solo tienen que hacer bien su chamba, siempre poniendo por delante los intereses de los inocentes, antes que buscar la manera de justificar a los culpables.
Las cárceles están llenas de personas que estuvieron en el momento y en el lugar equivocado, chivos expiatorios que no tuvieron nada que ver en la consumación de un delito, y que al estar en alguna penitenciaría saldrán convertidos en verdaderos criminales.
¡Hagan algo con eso! ¡Hagan justicia, que para eso les pagamos!
El refrán estilo Pegaso dice así: “Con la sección de madera que dimensiones, serás dimensionado”. (Con la vara que midas, serás medido).

