Saturday, January 3, 2026

AL VUELO-Radio

Por Pegaso
Cuando éramos unos chavales y nuestros padres escuchaban la radio, siempre empezaban con aquel programa llamado “Chulas Fronteras del Norte”, conducido por Willie López, en la XEOR.
En esta región del norte de Tamaulipas era tradicional empezar el día con música de El Piporro, de Los Cadetes de Linares, Los Montañeses del Álamo, Los Norteñitos del Control, El Palomo y el Gorrión, y tantos otros grupos que hicieron nuestras mañanas, días y tardes más amenas.
No había Internet. En la noche, cuando la familia se reunía, se podían ver programas de televisión en un aparato en blanco y negro, porque solo los riquillos tenían TV a color.
El Chavo del 8, Capulina, Odisea Burbujas, Siempre en Domingo, México, magia y Encuentro, 24 Horas, Cachún, Cachún, ra, raaaa!, son los programas televisivos que más recuerdo de los tiempos de mi infancia y juventud.
Pero la radio siempre tuvo un lugar muy especial.
Willie López siempre decía lo mismo, con una voz monótona, pero bien timbrada: “Y si usted tiene las muelas igual que la Tienda del Río, retacadas de comida, llévela a una revisión dental con el dentista José A. Gloria”, o “La tienda de Don Magín, que tienen especiales, un sinfín”.
Empezaba el programa siempre con la canción de El Piporro: “Ándandome yo paseando/ por las fronteras del norte,/ ¡Ahhh! ¡Qué cosa tan hermosa./ De Tijuana a Ciudad Juárez/ de Ciudad Juarez, Laredo,/ de Laredo a Matamors/ sin olvidar a Reynosa”./ Y se nos encueraba el chino por la alusión a nuestro querido terruño.
Más acá en el tiempo, la XERT presentaba otro simpático programita con el Tío Cástulo Polainas, El Indio Procopio y su Burro sin Cenar.
Nuevamente, las canciones de aquellos grupos que cantaban al amor y al desamor, al cariño filial y a la amistad. Nada que ver con los berridos y tamborazos que ahora transmiten a toda hora las empresas radiofónicas que son cómplices de apología del delito.
Avanzamos un poco más en el tiempo. Ya de jovenazo preparatoriano, gustaba de escuchar las baladas en la XHAAA, Estéreo recuerdo. Desfilaban por las hondas hertzianas Raphael, Roberto Carlos, José Luis Rodríguez “El Puma”, Rocío Dúrcal, Rocío Jurado, José José, Emmanuel y muchas estrellas más.
Cuando salía aquella canción de Gretta de Colombia llamada “Novia y Amante”, siempre insertaban la presentación de la estación en inglés: “XHAAA, Nine tree pint One megahertz. One Hundred Thousand Watts, in Reynosa, México”. Y seguía la pegajosa cancioncita.
Ahí conocí a mis buenos amigos Roberto Carlos “El Escándalo”, Lalo Hernández, Virgilio Flores, Magda Lambarria y Jaime Yarrito, siendo gerente Raúl Villarreal.
Pero la radio no solo es música. Durante el primer tetramestre que me tocó cursar en la carrera de Comunicación Social y Periodismo, en la Universidad Tamaulipeca, tuvimos la oportunidad de analizar la importancia de la radio en la vida de la sociedad.
Empresas como RCN producían y transmitían a nivel nacional radionovelas como Kalimán y Porfirio Cadena, el Ojo de Vidrio.
Y para hacerlo, necesitaban crear efectos especiales que se hacían con lo que tenían a la mano. Por ejemplo, para imitar los cascos de un caballo se usaban botellas de refresco y así, teníamos nosotros que esforzarnos para presentar en nuestra imaginación las escenas más vívidas sin tener delante de nosotros una pantalla.
Aquella sana costumbre de escuchar radio casi se ha perdido. La hemos sustituido por los reels y videos de Tik Tok o por los mensajes de WhatsApp. Todo, en pro de tener las cosas más fáciles y a la mano.
Por eso decía Albert Eistein proféticamente a mediados del siglo pasado: “El uso de la tecnología nos va a ser cada vez más estúpidos”.
¡Cuánta razón tenía el genio alemán!
Vámonos con el refrán estilo Pegaso: “Afirman que la totalidad del transcurrir temporal pretérito fue más sobresaliente”. (Dicen que todo tiempo pasado fue mejor).
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