Yo, Pegaso, ya no me pertenezco. Pertenezco a mis dos o tres lectores que me leen todos los días sin importar las gracejadas, desatinos, desplantes y mamotretos que escriba en esta furris columnilla.
Fue, si no me equivoco, el fallecido dictador venezolano Hugo Chávez quien lo dijo por vez primera, y luego se la copió el Cabecita de Algodón, alias #YaSabenQuien, para validar su liderazgo político.
Y ahora la frase ha sido adoptada por el tal Norroña.
Aunque ya no se sabe muy bien si algo es verdad o creado por inteligencia artificial. Algunas de las palabras que circulan hoy en día atribuidas al lenguaraz y viperino sujeto en realidad no las dijo, sino que las inventaron sus haters para quemarlo en las redes sociales.
La frasecita, sin embargo, es la cúspide de la retórica política de nuestros tiempos. Si hay una locución que puede caracterizar a los líderes carismáticos de la izquierda, es precisamente esa.
“¡Yo ya no me pertenezco!” Un sofisma absurdo. ¡Claro que te perteneces, güey! De lo contrario, no respirarías, no tragarías, no irías a defecar ni efectuarías cualquier otra de tus funciones vitales.
No hay forma de que alguien deje de ser él mismo. Ni en la era de la esclavitud, porque los negros no trabajaban y servían a sus amos por decisión propia, sino que eran capturados en sus aldeas para ser vilmente explotados por los blancos en las grandes plantaciones de caña de azúcar, o en las minas de oro y diamantes.
“¡Yo ya no me pertenezco!” Suena a falsedad y puede llegar a considerarse hasta una injuria. Es una forma muy efectiva de lavarle el coco a la gente.
Hasta ahora no la he escuchado, por ejemplo, en algún artista famoso.
Me imagino que Luis Miguel, o Michael Jackson, o Taylor Swift nunca la dirán, porque consideran que es una barrabasada.
Solo los políticos populistas saben que esa es una manera muy efectiva de llegar a las masas y hacerlas sentir como parte de un plan perfecto que los llevará a niveles superiores de felicidad.
“¡Yo ya no me pertenezco!” No soy yo el único que piensa que se trata de un ardid psicológico para mantener atadas a millones de conciencias.
En un artículo publicado por la revista digital massinformacion.com, escrita por Enrique Abasolo se lee lo siguiente: “¡Yo ya no me pertenezco!”, la primera gran mentira. La frase ha sido diseccionada por diversos analistas que le regatean un sentido estricto, difícilmente aplicable en la realidad, concluyendo entonces que no pasa de ser un mero recurso retórico del populismo característico de quienes la han pronunciado (cita textual).
Pero démosle un crédito a su inventor, Hugo Chávez. En el marco de una sociedad agobiada por las tiranías de la derecha, llega un tipo carismático que promete acabar con la oligarquía y lo logra, gracias a un proceso democrático denominado “revolución bolivariana”.
Total, se incrustó desde 1998 y ya no soltó el hueso. Lo heredó a uno de sus hombres más fieles, Nicolás Maduro, hasta que este fue defenestrado por los gringos hace unas semanas.
“¡Yo ya no me pertenezco!”, frase que quedará impresa en letras de oro junto a otras máximas, como aquella de Benito Juárez que dice: “El respeto al derecho ajeno es la paz”, hasta que la izquierda en México deje de ser gobierno.
De lo contrario, será arrojada al cesto de la basura como la más grande burrada de la historia.
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso: “Órgano muscular ubicado en la cavidad bucal de tres aristas”. (Lengua de triple filo).

